El cáncer de cuello uterino se desarrolla lentamente y durante muchos años. Los exámenes de detección de cáncer de cuello uterino con una prueba de Pap (frotis) pueden detectar células irregulares o anormales en el cérvix antes de que puedan convertirse en cáncer. Cuando estas células se encuentran pronto, el cáncer de cuello uterino es altamente tratable y es menos probable que se vuelva grave.
Una prueba de Pap obtiene células del cérvix. Una vez realizado el frotis, las células se ponen en un líquido y se envían a un laboratorio para su análisis, además de examinarse en busca de signos de precánceres u otras irregularidades.
Si los resultados de la prueba de Pap son anormales, será necesario realizar más pruebas. Entre estas puede incluirse una prueba de VPH, que es una prueba específica que comprueba las células del cérvix para detectar aquellos tipos de infección por VPH de alto riesgo que pueden causar cáncer de cuello uterino con mayor probabilidad.
El médico también puede examinar el cérvix y obtener una muestra de tejido para una biopsia si sospecha de la existencia de cáncer. Si la biopsia así lo confirma, otras pruebas determinarán si se ha propagado la enfermedad. Estas pruebas podrían incluir lo siguiente:
Estudios de la función hepática y renal.
Análisis de sangre y orina.
Radiografías de la vejiga, el recto, los intestinos y la cavidad abdominal.
Este proceso se llama estadificación. Determinar el estadio de un cáncer es importante, pues ayuda a decidir el tipo de tratamiento más eficaz. El objetivo de la estadificación es evaluar cuánto se ha propagado el cáncer y si ha alcanzado estructuras cercanas u órganos más distantes.